jueves, 17 de junio de 2010

Esperanza

Mientras exista una pequeña luz, el reino de las sombras no será.

Ensueño

Incapaz de dormir, se contenta al menos con soñar.

martes, 1 de junio de 2010

Ars poética: Contra mi mismo

Si una palabra se acerca mejor a la poética que intento forzar y forjar todos los días, escogería vitalismo. Mis textos líricos buscan traducir pequeños instantes y experiencias donde yo he sido el pálpito de una vida.

La emoción de ver cruzar a las nativas con sus blusas ralas por una plaza, aunque cada vez más las muchachas de los pueblos se parezcan a las capitalinas; las casas desoladas donde se presiente un destino familiar truncado; o el tropel de medias negras como bisontes subiendo unas escaleras de piedra: pueden ser experiencias vitales que se conectan con algo profundo en mi interior. Quizá si pintara, tomaría el pincel y daría color a esas emociones.

Todo lo que desde el exterior apresura mi sangre y dilata mis venas, provoca en mí un estado que yo designo imaginación poética, muy propicio a la escritura.

Escribo porque no puedo dejar de pensar en ciertos hechos o personas o imágenes, aunque muchas veces poco o nada al final tengan que ver con esa realidad inmediata. Para definirlo de alguna manera, soy un cronista poético, un notario de las pérdidas y ganancias de una existencia, más de lo primero que de lo último.

A estas alturas es obvio confesar que me gusta escribir porque amo la vida: la escritura para mí es un gozo, otro modo de dilatarla, de multiplicarla. Un epicureísmo lírico --sin evasión histórica.

Aunque admiro poemas como “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, o “Coplas a la muerte de mi padre”, de Jorge Manrique, yo jamás escribiría sobre la calaca porque si lo hiciera sólo le lanzaría vituperios, escupitajos, toda mi rabia contenida. Creo, como Elías Canetti, que la muerte es el mayor enemigo del hombre, y hay que desterrarla.

Mi combate es modesto, para exorcizarla, escribo.

Otra cosa que asumo per se en mi escritura es la tensión del lenguaje. Trabajo mucho mis textos para buscar una unidad estructural imbatible, como los cimientos que pide una casa para resistir el tiempo. Como repienso mucho las palabras y los adjetivos que crean imágenes o metáforas, escribo bastante, aunque al final sólo me quede con algún ejercicio o versión. No me importa ni me inquieta el resultado, porque como escribo por vitalidad, siempre hay un gozo, se halle o no el poema.

Cuando reviso lo que escribo tengo mucho cuidado, corregir para mí es una responsabilidad muy inquietante. Nunca olvido que en el proceso de publicación, si lo hay, afuera de la página aguarda un lector que no conozco. El consejo que daba un escritor sudamericano a otro sobre que las palabras de tanto repetirse pueden volverse ciertas y contra uno, nunca se me olvida a la hora de usar la goma de borrar.

Otra cosa que hay en mis textos son los juegos de palabras. Me gustan mucho porque ellos reflejan los sentidos polisémicos del lenguaje, la riqueza verbal que encuentro de manera natural cuando camino y escucho hablar a la gente. O cuando leo a otros poetas. Por eso quizá soy aficionado a descifrar carteles y hasta las cajas rotulada de los cereales, como hacía Cervantes al leer cuanto papel tirado en la calle se encontraba.

Mis textos, como yo, son un diálogo: buscan la sonrisa cómplice, la reprobación mutua, el debate.

A estas alturas, releyendo lo que he escrito, parezco muy seguro, pero es otro contrasentido: sólo tengo unas cuantas guías de apoyo, intuiciones personales y muchas dudas, que curiosamente me ayudan a seguir adelante. O tal vez voy hacia atrás y no me doy cuenta.

Sólo sé que hay movimiento porque el paraje ya no es el mismo. O tal vez soy yo el que ya no es el mismo y por eso el entorno, los árboles, la gente, todo es otra vez diferente.

Ese movimiento acabará cuando mi corazón, espero que no sea pronto, deje de sacudirse. Mientras tanto, escribo, no de la muerte o sus fantasmas, sino de la vida y sus personajes reales o ficticos, pues al fin y al cabo, al final todos alcanzaremos esa calidad de lo invisible.

Quizá haya otras cosas más en mis textos, pero por ahora no las he descubierto.

En mi vida personal, lo mismo que en mis escritos, siempre hay un sentido de lo espiritual, aunque no se mencione explícitamente. Es como respirar, está ahí, y, en mi caso, no imagino la existencia sin ese soporte. Además, creo que no hay nada que no conduzca hasta allí: la amistad, el amor, la escritura. Incluso, lo negativo tiene una puerta hacia esa profundidad.

miércoles, 26 de mayo de 2010

domingo, 16 de mayo de 2010

Me interesa poco la literatura y mucho la poesía: Audomaro Hidalgo


Audomaro Hidalgo (Villahermosa, 1983) es tabasqueño, pero no le gusta el béisbol, excepcionalmente esta semana acaba de hacer un “dobletazo” literario, pues de un solo golpe ganó dos certámenes líricos: el Premio Nacional de Poesía Juana de Asbaje y el de la Feria Tabasco 2010.

De figura espigada, apasionado, eso sí, de los Pumas de la UNAM, considera que las justas literarias son “importantes”, pero la poesía está antes que todo eso: “El hecho de escribir pasa por otro lado, por una imperiosa necesidad personal, porque algo no está bien, porque no estamos a gusto, porque si lo estuviéramos, no escribiríamos más”.

El jurado que le otorgó “por unanimidad” la primera edición del premio nacional que lleva el nombre de la poeta novohispana Sor Juana Inés de la Cruz, estuvo integrado por sendas figuras literarias: Alí Chumacero, Thelma Nava y Dolores Castro. El jueves 8 de mayo, en la ex hacienda de Santa Mónica, Estado de México, recibió del Instituto Municipal de Cultura de Tlalnepantla, los 50 mil pesos, la estatuilla de la Décima Musa hecha por el artista Jorge Fernández Pacheco y la promesa de publicación de su obra ganadora, “El fuego de las noches”.

Por si no bastara, hoy domingo 16 de mayo, en la clausura de la Feria Tabasco 2010, recibirá el premio convocado por el Instituto Estatal de Cultura de Tabasco por su poemario “Decir la sombra”. Recién “desempacado” de la capital mexicana, el también becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, adelanta por primera vez cómo festejará los logros alcanzados.


¿De qué trata “El fuego de las noches”?

Si tuviera que definir este libro en una palabra, sería con la palabra “memoria”. En él hay poemas escritos con eso que se ha dado en llamar verso libre y un poema largo en prosa.

¿Cómo surgieron los textos?, ¿partiste de una premisa o se fue dando por sí sola?

”El fuego de las noches” lo escribí en la Ciudad de México, con el apoyo de la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM). Casi todos los poemas nacieron a partir de una idea o una imagen, que después desarrollé en el papel, a la hora de sentarme a escribir. Y sí, en algún momento me di cuenta que el libro dictó un orden interno y al mismo tiempo generó su propia estructura. Es un libro que disfruté mucho escribirlo.

¿Cómo te sienta haber ganado dos premios importantes en una sola semana?

Estoy contento, tranquilo. Pero con mayor responsabilidad conmigo mismo, con mi trabajo creativo. Creo que he aprendido a tomarme las cosas con calma, es mejor que se vayan acomodando por sí solas y no forzarlas.

¿Cuál es la fórmula para “dobletear”, usando un término beisbolero?

No me gusta el béisbol (risas)

¿Practicas algún deporte o mantienes esa imagen clásica del escritor sedentario?

Me gusta mucho el futbol, fui jugador profesional cinco años, en la Tercera División. También practico, cuando puedo, el basquetbol con mis sobrinos (risas); me gusta andar en bici, caminar mucho, viajar, ver cine, cocinar -que quizá también sea un tipo de deporte-. No me gusta el América, ni el Real Madrid, ni el River Plate. Le voy a los Pumas.

¿Es el primer concurso que ganas?

Literario, sí. El año pasado gané el Premio Estatal de la Juventud.

Hay quienes desconfían de los certámenes literarios, ya sea porque los fallos son parciales o porque se convierten en botín para caza-premios, ¿cuál es tu opinión?

En principio, yo no escribo para ganar premios, esa posibilidad viene después que ya se ha terminado un libro, en ese momento uno decide si lo envía a un certamen o no. Es decisión de cada quien. El hecho de escribir pasa por otro lado, por una imperiosa necesidad personal, porque algo no está bien, porque no estamos a gusto, porque si estuviéramos a gusto, no escribiríamos más. El jurado que eligió mi libro para darle el Premio Nacional de Poesía, fue un jurado de lujo, estoy muy agradecido con ellos.

¿Para que te servirán a ti los premios?

Son importantes, creo que llegan en buen momento.

¿Con quién vas a celebrarlo?

Con mi abuelo, tomando Coca-Cola y comiendo golosinas (risas)

¿Qué opina tu familia de tu elección por las letras?

Siempre he tenido el apoyo de mis padres. Respetan lo que elegí por oficio. Pienso que llega un momento en que uno debe tomar decisiones vitales, como diría (José) Ortega y Gasset, “se llega a ser lo que se debe ser, o no se es nada”. Estoy a gusto con esta decisión, la asumo. La verdad es que me interesa muy poco la literatura y mucho la Poesía.

Y el concurso de la feria Tabasco 2010, ¿con qué obra lo ganaste?

Con una serie de poemas que se llama “Decir la sombra”.

En 2006 ganaste una beca del FECAT sobre “personajes poéticos”, ¿a quiénes elegiste para diseccionar?

El proyecto consistió en escribir ensayos sobre algunos poetas de lengua castellana: Jorge Esquinca, Jaime Sabines, Eugenio Montejo, Rosario Castellanos, Amado Nervo, Alejandra Pizarnik.

De tu paso por la Fundación para las Letras Mexicanas, ¿qué es lo que más extrañas?

La Fundación es un verdadero lugar de prestigio y privilegio. Fue una experiencia maravillosa, me enriqueció mucho, como escritor y como persona. A veces extraño la tutoría de los jueves, los cursos, las conferencias, el contacto permanente con personas que están en la misma jugada que uno.

Y de la Ciudad de México, donde viviste, ¿qué rememoras más?

Viví dos años y medio, tuve la beca de la FLM y di clases en una preparatoria. Conocí muy buenos amigos, con los que todavía, cuando voy al Distrito, disfruto sentarme una tarde a tomar café y hablar y hablar, o simplemente caminar.

Si pudieras cambiar algo del paisaje literario en Tabasco, ¿qué ajustarías?

¿A qué paisaje te refieres, al paisaje natural o al paisaje artificial? (risas)

¿Cómo ves a los escritores de Tabasco en el panorama nacional?

Hay poetas tabasqueños que siguen siendo reconocidos y respetados fuera del estado. Sabemos a quiénes me refiero. Pero lo cierto es que hoy en día esta situación no ha variado mucho: Francisco Magaña, Alvaro Solís y Jeremías Marquines tienen una trayectoria, desde diferentes propuestas, destacada en el ámbito de la poesía mexicana.

¿Hay alguna identificación con ellos?

Los tres son muy buenos poetas, he leído sus obras, pero estoy más cerca, espiritualmente, por visión de mundo, con la poesía de Alvaro.

Actualmente tienes la beca del FONCA 2009-2010, en el rubro de poesía, ¿sobre qué va ese proyecto?

Afortunadamente tengo esa beca, porque la verdad es que la situación laboral y económica en el estado es lamentable, oscura. Con el apoyo de esta beca estoy escribiendo mi segundo libro, que aún no tiene título, pero ya aparecerá. La última semana de marzo fue el Encuentro de Jóvenes Creadores del FONCA en la ciudad de Oaxaca, y en julio será el siguiente, en Guanajuato.



Parte de esta entrevista apareció en la sección cultural expresión! del diario Tabasco HOY, el 16 de mayo de 2010.

lunes, 10 de mayo de 2010

Entradas para un diccionario 2

Blogetariano
Lector que sólo consume blogs.
Blogetariado
Explosión masiva de blogs. Dícese de todos los escritores de bitácoras en la Red.