miércoles, 14 de julio de 2010

Una mirada femenina: Doris Dörrie


Los personajes en las películas de Dorris Dörrie han alcanzado la edad madura, pero sólo en apariencia: tienen un empleo, una casa, un auto, sin embargo su bienestar material no deviene en una felicidad cumplida.

La muchacha de Nadie me quiere (1995), por ejemplo, no está nada mal: es linda, cuenta con un trabajo como revisora en el aeropuerto de Múnich y vive sola en un departamento situado en un suburbio atestado de inmigrantes y viejos. No obstante, parece no querer vivir, encerrada en sí mismas y en sus miedos.

Ella desearía despertarse todas las mañanas y que alguien a su lado le preguntara cómo amaneció hoy o le recordara que no debe olvidar sus llaves. En suma, lo que Fanny Fink quiere, es amar a alguien.

En esa rutina de trabajo, de encuentros con su madre -una novelista de best seller rosas- y de cursos para alcanzar la aceptación de su “yo”, conoce a un vecino suyo, enfermo, a punto de la muerte, pero a diferencia de ella, lleno de vida.

Para aceptar su enfermedad, Orfeo debe reelaborarla en su imaginario, por eso inventa la historia de que unos extraterrestres lo curaron de su pena del corazón; cuando le preguntaron si quería volver a la tierra o quedarse a vivir con ellos, él cuenta a su nueva amiga: “De repente era feliz, pedí regresar a la tierra. Y en cuanto me recuperé, desee otra vez enamorarme. La experiencia no enseña”. Orfeo vuelve a enamorarse y a desilusionarse, no escarmienta porque nunca se da por vencido.

La estructura del reloj de arena de la que habla el novelista E. M. Forster aparece en esta cinta: el encuentro entre estas dos vidas produce un cruce: ella comenzará a vivir como Orfeo, sin temor a enamorarse y vivir, mientras que Orfeo se prepara para su nueva partida a ese extraño planeta donde el amor es desconocido.

Con este argumento es fácil adivinar que lo que busca Dörrie en sus cintas es contar las vidas de esos seres tímidos y solitarios, que son capaces de chutarse cursos de superación personal y manuales de felicidad, para lograr entender la vida y salir al paso. Lo hace desde un ángulo intimista, una mirada femenina que evita condenas morales pero sin renunciar a lo mordaz, con un sabor agridulce.

Muchas expresiones de sus personajes las hemos dicho alguna vez en la vida, o las hemos oído. ¿Quién no ha escuchado o expresado eso de que “sólo la carne joven consuela” o “¿no oyes el tic-tac de la vida?”

Un elemento muy habitual en sus cintas es el disfraz como una máscara o atuendo a través del cual se pueden transgredir jerarquías y roles e intercambiar papeles.

Imposible no sentir esa mezcla de compasión e ironía y captar el guiño que hace cuando, por ejemplo, el amigo de Franny, pintado todo su cuerpo como una calaca, le ruega a la muchacha que lo abrace, que no lo deje, que se quede con él para siempre. Ya no habla Orfeo humano sino la Muerte a la muchachita, el único amor fiel aún después de la vida.

En Hombres, hombres (1985), la primer película con la que Dörrie alcanza éxito y la impulsa a fundar su propia productora de cintas, ocurre también esa representación fársica.

Julius, un exitoso director creativo, descubre en su onceavo aniversario de boda, que su mujer lo engaña. “Ustedes son incapaces de tener aventuras, siempre esperan algo más”, dice desconsolado el marido cornudo. Para no quedarse solo con sus tarjetas de crédito, decide penetrar el terreno enemigo sin revelar su verdadera identidad.

Las escenas están llenas de diálogos y actuaciones que van de lo cómico a lo mordaz, de las acusaciones comunes a las reflexiones certeras sobre el significado de pareja.

Cuando el yuppie se topa con su mujer y el amante, para evitar ser descubierto por los dos se pone una máscara de King Kong: todo lo que hace es la gestualidad de un hombre que ha dejado de serlo para volverse una bestia, un animal herido que apela a su derecho de manada sobre la mujer robada.

En Cerezos en flor (2008), el disfraz aparece bajo la forma de un bailarina de danza butho que significará el "reencuentro" de un viudo alemán con su esposa recién fallecida. En las tres películas, debajo del maquillaje, se esconden nuevas amistades para esos personajes solitarios. Como si Dörrie primara esta relación afectiva sobre las demás, en una industria fílmica donde destaca más el Eros.

Tanto Hombres hombres como Nadie me quiere tienen en común la estructura de reloj de arena que mencionaba hace un momento: una crisis en el personaje que se ve resuelta con el encuentro del "un otro". En Nadie me quiere es un vecino del mismo edificio; en Hombres, hombres, es el trato entre el marido cornudo y el amante de su mujer, a quien de entrada debería odiar.

Las dos últimas cintas, Sabiduría garantizada y Cerezos en flor tienen en común la idea del viaje, el road movies necesario para cimbrar a los personajes de su cotidianidad -la ruta es una constante en algunas cintas de la alemana, como en ¿Soy linda? (1998).

En Cerezos en flor parece alcanzar la madurez, quizá reflejo de su búsqueda personal con el zen, pues habla de la pérdida, del dolor y de cómo dejar que nuestro verdadero yo y nuestra verdadera belleza se manifiesten, que florezcan como hace un cerezo. Una manera también de curar su dolor por la muerte de quien fuera su esposo y director de cámara.

Como los cerezos en Japón, o los macuiliz en Tabasco, para ser más claros, sólo florecen una vez al año y durante un corto tiempo. Es el símbolo de lo transitorio, de lo fugaz, pero también de lo bello.

Antes de hacer cine, Doris fue presentadora de películas en el Instituto Geothe de Nueva York, reseñista de cintas para un diario del sur de Alemania y escritora de cuentos y novelas -algunas de éstas infantiles- que son la base de algunos de sus guiones y posteriores filmes. También ha elaborado documentales y producido un número considerable de óperas. Sus estudios de dramaturgia en los Estados Unidos se visualizan claramente en muchas escenas de sus filmes.

Sin duda sus películas provocan a la reflexión, a la risa, sobre cómo miran las mujeres posmodernas a los hombres, sus ideas del amor, de pareja, de fidelidad, de búsquedas continuas para resignificarse en un mundo donde “la única constancia es saber que nada es constante y que nada permanece como es”.

En una entrevista que dio durante su visita a México en 2005, aseguró que lo que ella espera de un film es que en vez de poner una cargas al espectador, se las quiten, que salga un poquitín liberado y ligero. Es lo que se espera al ver sus cintas.


*Una versión más corta de este texto fue leído en la presentación del ciclo "Una mirada femenina: Döris Dorrie", el 8 de julio en la galería café El refugio de la luna, antes de la proyección de Nadie me quiere.

lunes, 12 de julio de 2010

Anécdota

Comienza a envejecer, le entusiasman cada vez más los detalles.

lunes, 5 de julio de 2010

Un caso

No puede vivir sin la verdad, pero tampoco puede vivir con ella.

jueves, 1 de julio de 2010

Inventarse un paraíso es difícil; sin dietas, todavía más complicado; pero sin consecuencias, es imposible. De todos modos hay que encontrarlo.

lunes, 28 de junio de 2010

La foto fiel no existe: Alejandro Breck


Con una docena de fotografías yuxtapuestas, en blanco y negro y color, a las que agrupa bajo el título de “Divisiones y consecuencias”, Alejandro Breck monta su primera exposición individual, la cual busca “confrontar al público e invitarlo a reflexionar con el juego de esas imágenes", al tiempo que cada uno saca sus propias conclusiones.

Porque para este joven fotógrafo --cuya primera cámara fue una popular Kodak 110, regalo de su hermana--, la última impresión recae en el espectador, quien debe “tratar de recrear alguna emoción distinta a la que generan las mismas fotografías por separado”.

Con la influencia del cine a cuestas, pues es el fotorrealizador de Ecce homo (cortometraje que se puede ver en la página web de you tube), sus imágenes parten de lo cotidiano para mostrar que en esos brevísimos sucesos se esconden épicas historias. “Estamos diariamente rodeados por cosas increíbles, lo malo es que nos acostumbramos tanto a ellas, que ya no les damos importancia”.

Su carta de presentación incluye estudios en diseño gráfico; la columna de foto que escribió semanalmente para el diario Tabasco HOY; y mantenerse como cácaro del cine club de la galería El refugio de la luna, lugar donde precisamente a partir de esta semana expone sus imágenes.

“Disfruto mucho la fotografía de lo cotidiano, aunque el hecho mismo de meter un fragmento de mundo a través de la cámara, es ya un redimensionamiento del universo. Creo que la fotografía es eso: un redimensionamiento del tiempo”.

Admirador del fotógrafo Henri Cartier-Bresson, Breck se siente a gusto con su Minolta, una cámara digital que adquirió picando en trabajos independientes, aunque claro, no abandona la analógica, a la que debe su gusto por la imagen.

“Es muy posible que lo analógico desaparezca del mercado masivo, pero se seguirá elaborando la película para un sector que tiene que ver con el arte y la fotografía de estudio. El rollo tiene muchas cualidades que no terminamos de conocer, un abanico de texturas y comportamientos con la luz. Y ni hablar de las técnicas de revelado”.

Sus primeras imágenes “serias” fueron a la Virgen de la Asunción, en su natal Tenosique, durante la fiesta local que se celebra cada 15 de agosto. Viajes, paisajes y lecturas han nutrido sus ojos para enfrentarlos al visor. “Un fotógrafo está más nutrido entre más expuesto y dispuesto está a dejarse enamorar por el mundo. En mi caso, el cine ha sido una de las principales fuentes de mi educación visual”.

Flickero de corazón, rechaza que alguna vez la imagen haya sido una copia fiel de la realidad. “Las tecnologías digitales son el cuarto oscuro del fotógrafo actual. La foto “fiel”, como tal, no existe. Quien diga eso, miente. La elección del objetivo, del sensor o del rollo, son ya una manera de manipular la imagen”

Breck señala que la fotografía en el estado de Tabasco sobresale sobre todo por sus paisajistas y retratistas. “Los maestros de la vieja guardia son excelentes en el manejo de la luz de estudio: Hermilo Granados, Chacato Zúñiga, por mencionar algunos. Pero fuera de ahí hay pocos fotógrafos que se arriesguen en busca de nuevas formas. Hay muchísimos diarios en la región y solo un puñado de fotorreporteros que dan sangre nueva al fotoperiodismo; Jaime Ávalos, por ejemplo, es alguien a quien admiro, que se pone la camiseta, que va en busca de las imágenes a donde tenga que ir y tiene un ojo muy educado. Sus imágenes son sorprendentes”.

La serie apuesta sobre todo a la emoción. “Me gustan los juegos, pero creo que la foto vale por el contenido. La técnica es importante, pero sin algo qué decir, es como un cántaro muy bello pero roto”.


Parte de esta entrevista fue publicada en la sección cultural expresión, del diario Tabasco HOY, el domingo 27 de junio de 2010. Foto: Autorretrato, cortesía de Alejandro Breck.




sábado, 19 de junio de 2010

Todo será posible, menos llamarse Carlos


("Todo será posible, menos llamarse Carlos". Con este verso de Pellicer se puede comenzar a hablar ahora de Monsiváis: de sus logros y legado. Uno muy valioso en el plano netamente literario fue reconocer bien pronto el trabajo poético de José Carlos Becerra. Un día de mayo de 2008, me concedió generosamente una entrevista para hablar de su amistad con el tabasqueño. De él, dijo: "José Carlos es un amigo cuya calidez, cuya inteligencia, siempre se extrañará". De "Monsi" se puede ya decir lo mismo: "Siempre se extrañará")


Al cumplirse* 72 años del nacimiento del poeta José Carlos Becerra Ramos, Carlos Monsiváis sigue recordándolo como “una figura importante” en la historia de la poesía mexicana del siglo XX, pero sobre todo, como “un amigo cuya inteligencia siempre se extrañará”.

Entrevistado vía telefónica a su casa de la colonia Portales, en Ciudad de México, en vísperas del 72 aniversario del poeta tabasqueño --nacido un 21 de mayo de 1936--, el cronista de cronistas no duda en evocar sus tiempos de amistad con quien le llevaba dos años más de edad (Monsi nació en el 38).

“Yo fui amigo de José Carlos un buen tiempo, precisamente cuando él desistió de estudiar arquitectura y pensó que tenía que entregarse por entero a las letras”.

La memoria de Monsi es precisa al recordar un viaje que hicieron juntos a Comalcalco, una ciudad a 50 kilómetros aproximadamente de Villahermosa, capital del estado de Tabasco, acompañados nada menos que de otro poeta, don Carlos Pellicer Cámara.

“Lo acompañé, incluso, con el maestro Pellicer, a Comalcalco, en una visita de truenos y versos que todavía hoy recuerdo... Además, José Carlos me hizo el honor de dedicarme uno de sus poemas, 'El halcón maltés', ahí entre las discusiones sobre la poesía versicular y el apasionamiento político que lo distinguió”.

Para el autor de Días de guardar, Amor perdido y Escenas de pudor y liviandad, querer a esa calidez tropical que era José Carlos no fue nunca complicado.

“Fui aprendiendo a conocerlo mientras hablaba de las señoritas Calcáneo, de su parentesco con Carlos Madrazo y de su entusiasmo por la Villahermosa de las tarjetas postales”.

Monsiváis fue testigo también del crecimiento del tabasqueño como poeta, hasta el grado de incluirlo en su versión actualizada de la Poesía mexicana del siglo XX como una de la voces imprescindibles de los sesenta, cuando ya Becerra cumplía nueve años de ausencia.

“Fui testigo de cómo se fue radicalizando en su lenguaje poético, y cómo aprovechó perfectamente las lecciones de Pellicer, de la poesía francesa y, sobe todo, de la última etapa de José Lezama Lima”, evoca Monsi.

Por eso tampoco olvida la mala noticia que recibió a finales de mayo de 1970, cuando se enteró de que el poeta había muerto en Brindisi, Italia.

“Yo estaba hospedándome en Londres, junto con Hugo Gutiérrez Vega, cuando nos llegó la noticia de su muerte, y fue una sacudida emocional y una pérdida literaria enorme”.

A la distancia, Monsi no vacila en señalar que Becerra ha sido una feliz influencia para los jóvenes escritores de su generación y la siguiente.

“Ahora pienso que los jóvenes lo leen, ¿de qué manera traslucen esa lectura en lo que escriben?, no podría decirlo, pero sí creo que Becerra es una figura muy importante y es un amigo cuya calidez, cuya inteligencia, siempre se extrañará”.


*Esta entrevista fue publicada en el diario Tabasco HOY, el 20 de mayo de 2008, como un aporte especial de su sección cultural expresión! para acompañar a la semana que la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco dedica año con año al poeta tabasqueño.



viernes, 18 de junio de 2010

Rocambolesca

Y si no hubiera puentes, ¿existirían abismos?

La opinión pública es el comentario de unos cuantos.

Vacas sagradas de la era digital: poetas, encuestadores, periodistas y directores técnicos de futbol.

Mis muertos hablan demasiado con los vivos como para pensar que están muertos, que están vivos.