martes, 1 de marzo de 2011

Crítico peligroso: Juan Antonio Masoliver


Para ser crítico literario hay que tener una buena memoria. De otro modo se vuelve difícil estabelecer conexiones entre la vida y la obra. Juan Antonio Masoliver (Barcelona, 1939), una figura reconocida en Iberoamérica, lo sabe.
Aún frente a una taza de café durante una mañana, no deja de ejercitarla. Durante la conversación, sus recuerdos van y vienen, abarcando ciudades y actores principales de la literatura en la última mitad del siglo pasado.
En Londres conoció la casa de dos cuartitos donde vivía el escritor peruano Mario Vargas Llosa con su familia.
Una vez recibió una carta del poeta Jaime Gil de Biedma, quien se excusaba por no poder ir a la cita pactada por causa de una espantosa cruda.
En otra ocasión recibió una nota de agradecimiento del escritor Roberto Bolaño, porque "Tono" -como le dicen de cariño sus amigos- fue de los primeros en recepcionar su obra en la península.
El crítico puntual de La vanguardia confiesa que prefiere a los poetas breves como Fran Luis, San Juan, el propio Gil de Biedma y José Angel Valente, aunque como reseñista del diario barcelonés sólo se ocupa de novelas.
Autor de las ficciones Retiro lo escrito (1988) y La puerta del inglés (2001) y poeta tardío para Ediciones del Acantilado, es reservado en su visión actual de la literatura. Su juicio deja ver que se ve a sí mismo como un "crítico peligroso", que sin miedo a las vacas sagradas puede decir: "Hay un bajón general, ha habido tantos grandes poetas, que ahora es muy difícil salir de todos ellos".

--Usted llega tarde, si se puede decir una afirmación así, a la poesía, ¿cuál fue el motivo?
Las razones son muy complejas, en parte porque viví en Inglaterra, en parte porque no me gusta pedir favores y quienes me querían publicar era con la condición de que yo pidiese una subvención del gobierno, dije que no, que prefería no publicar.

--¿Hubo consecuencias por este retraso?
Mire, la culpa ha sido totalmente mía, y la consecuencia es que no pertenezco a ninguna generación, a ningún grupo. Esto es muy bueno porque me da fama de ser independiente, pero es malo a nivel promoción porque tardas mucho más en proyectarte porque no tienes un grupo.
Ahora sí lo tengo, pero ya no son grupos sino gente mucho más joven que yo la que está apoyándome como poeta.

--¿Sirvió de algo tener a un tío humanista? (Juan Ramón Masoliver, periodista, traductor)
Conviví con mi tío, muy conocido como humanista y traductor, que había sido corresponsal en Palestina y Roma y había trabajado con Ezra Pound en una revista. Yo vivía en Génova e iba prácticamente a verle todos los días a Rapallo, donde tenían un grupo literario. En la misma casa había una biblioteca fabulosa que yo leí, entonces eso lo heredé yo de él, la lectura, porque yo fui un lector muy precoz.

--¿De la lectura pasó naturalmente a la crítica?
Sí, pero todo tarde. Yo podía haber empezado muy temprano porque mi tío estaba en los medios de prensa, pero hasta que no me sentí seguro de lo que estaba escribiendo, a los treinta años, no dejé mis clases en un instituto de España en Londres, y luego en una universidad (Westminster), no tenía urgencia. Ahora soy un crítico regular, oficial casi de La Vanguardia, de Barcelona.

--¿Es verdad que por su pluma han pasado todos los escritores contemporáneos?
Casi todos. En México, por ejemplo, Chema (José María) Espinasa tienen un volumen de casi todos los escritores mexicanos que hice yo, desde Octavio Paz a Juan Villoro, pasando por Monterroso, Pitol y todos los que me gustan. Y tengo un volumen muy grueso que se llama Voces contemporáneas, en Acantilado, que es la editorial donde publico yo todo, donde reúno lo que creo que es más importante de mis reseñas de la narrativa española actual.

--¿Cuáles son sus logros como crítico?
He sido bastante valiente, he vencido muchos prejuicios como lector, he pensado más en el escritor que en mí, he tratado de ver qué lugar ocupa dentro de un momento literario concreto, que tradiciones absorbe, que es lo que ha aportado de nuevo. Siempre novelistas, hago muy poca crítica de poesía.

--¿Por qué razón, si la escribe?
Primero por exigencias de la prensa, la española exige más novelas porque es lo que lee más la gente, y luego porque con la poesía no me gusta hacer reseñas de una sola página, yo prefiero hacer cosas largas.

--¿Nunca ha tenido problemas con las vacas sagradas que nunca faltan?
No porque ya se me conoce como crítico peligroso. Como es lógico, estoy protegido por la edad, por los años de crítico que llevo, por los sitios donde publico, entonces las vacas sagradas se tienen que aguantar.
Generalmente no hablo mal de un escritor que empieza, no tiene sentido hablar mal, se le ignora y ya está. Pero hablo mal cuando es una vaca sagrada que ha escrito un libro malo, cuando su justo prestigio no se corresponde a la realidad, para que el lector no esté engañado con falsos prestigios, que hay muchos.
Durante muchos años me protegí porque estaba en Londres, entonces el escritor que me quería degollar no podía porque no me encontraba. Y ahora, cuando me encuentro a escritores enfadados conmigo, no me importa. Una cosa es el amigo y otra el escritor. Si no sabe distinguir es su problema.

-- Así se deben perder amigos de amontones...
No muchos, no demasiados. Las críticas a veces son muy acerbas, muy amargas, porque me gusta poner el elemento creativo y no simplemente una crítica académica. Y están muy preparadas y asíes muy difícil que un escritor me pueda rebatir. Siempre tengo 30 páginas notas para demostrar todo lo que digo.

--¿Recuerda algún caso?
Yo sé que Javier Marías se ofendió un poco conmigo, luego bastante y al final dejó de ofenderse, pero no tengo muchos enemigos.

--Cuando lo critican a usted como poeta, ¿también se enoja?
Yo no tengo problemas con la crítica, tengo problemas de difusión porque no se me identifica y porque además, yo publico en Acantilado, que es una extraordinaria editorial pero no para poesía, la gente no me encuentra porque la editorial no tiene sección de poesía a diferencia de Visor, Pretextos o Hiperión. Van allí a buscarme los que saben quién soy yo.
Por lo menos tengo el apoyo de los buenos poetas, que es lo que me interesa a mí.

--¿No hay conflictos entre el crítico y el poeta?
Ser critico me ha servido de mucho para ser autocrítico en mi poesía, yo soy antiacadémico, a pesar de que he sido jefe de departamento de universidad y que he escrito mucho ensayo, no me interesa el mundo universitario, ni los críticos con notas a pie de página. La crítica tiene que ser creativa sino no es.

--Por último, c¿qué balance tiene de la literatura en lengua española actual?
Hay un bajón general, ha habido tantos grandes poetas que ahora es muy difícil salir de todos ellos. En España, la última gran generación fue la del cincuenta, poetas como Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Jose Angel Valente, Francisco Brines, son muchos poetas y muy sólidos. Esto ha castrado un poco a las nuevas generaciones. Y se han puesto propósitos muy poco audaces. Aquí ha pasado lo mismo. Hay muy buenos poetas actuales que yo respeto mucho, pero sí hay un problema semejante.


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